Con los días y los sueños

Con los días y los sueños

lunes, 15 de agosto de 2016

Con los días y los sueños

De mañana.

Suena The Isley Brothers. Están tocando Love the One You're With. Las voces melódicas pero con un tinte de blues, las guitarras con un sonido que cayó en desuso, los coros; cada rayo de sol que entra en el cuarto tiene una nota un acorde una voz del coro para acompañarlo. La música y la luz son una y lo mismo, indistinguibles en el momento de entrar de nuevo en la vigilia. El aire, lleno de partículas ínfimas de polvo, entrando y saliendo de sus pulmones, inflando y desinflando sus pulmones como globos.

Quién es y qué hace le llegan de golpe, con el recuerdo del sueño. Se incorpora apurado y salta de la cama al escritorio para escribir

Ahora Marvin Gaye lo acompaña. Tiene un móvil en la mesita de luz conectado a un montón de parlantes que cuelgan como las moscas en una telaraña por todo el cuarto, que usa como despertador con Spotify. Pero también sirve para escribir. Santiago escuchó una vez que Stephen King escribía escuchando Judas Priest, Anthrax y otras bandas de Heavy Metal. Igual ahora esta música sirve. Igual ahora no puede parar para cambiar de música y buscar otra. Igual ahora no está escribiendo, está transcribiendo.

Llena unas cuatro páginas con letra virtualmente ilegible antes que se agoten las ideas y dos avisos de la madre para que baje a desayunar. Santiago baja de nuevo a la realidad del cuarto, busca que ponerse. Eugenio en la casa tiene una pila de ropa en uso al lado de la cama. De un metro de alto y poco más en la base. Él, en cambio, tiene unos cajones. La gente es tan distinta una de otra, piensa, y agarra un pantalón.

***

Beso a la madre en la puerta. Lleva una bonita carpeta de plástico, las cuadernolas adentro. Sabe las materias que tiene de memoria, pero por las dudas, en la tapa de la carpeta hay un papel, un 'fixture' de las materias. Sabe que tiene todos los cuadernos que precisa. Las materias son un mal necesario, pero ayudan. Sirven para atraer a todos los amigos a ese lugar.

Da la vuelta a la casa para hacerle un último mimo al perro, casi en secreto. Casi porque el perro ladra, mueve la cola, se hace un poco de pichí en la anticipación al mimo. El perro y el chico, un día quiero escribir algo con ese título, piensa Santiago. El perro le lame la mano. Santiago le rasca atrás de la oreja entre las rejas del porton. El perro queda saltando, pero el portón es muy alto. El portón entre ellos es muy alto, si.

Por la calle pasa otra gente desconocida. Frank Sinatra en los auriculares. La sensación del día, nuevo y luminoso, persiste en el camino al liceo. Solamente esta canción. Después la cambio, se dice Santiago. Y llega al liceo escuchando algo más energético, pronto para una batalla invisible como todos los demás.

***

El liceo es un edificio blanco con una arquitectura que no sigue la geometría euclidiana. No hay manera que ese espacio enorme tenga los recodos que tiene, los espacios enormes adentro que den cabida a los cientos y cientos de estudiantes. Tiene que ser algo extraterrestre. Un experimento extraterrestre para estudiar a estos bípedos sin plumas.

El Cuti está ahí. El Cuti es un sacerdote del culto del Punk. Tiene toda la sabiduría, salvo por que no sabe que la tiene. Se mueve como si cada paso fuera un juego. Hoy vino con un saludo nuevo. Se acerca a Santiago corriendo como un pitufo, aunque no es un pitufo. No es azul. Es alto y flaco, pálido y con pelo negro como ala de cuervo. Dientes grandes, sonrisa grande. El Cuti es genial. Insiste en el saludo no tanto hasta que Santiago lo aprende sino hasta que Santiago se ríe. Misión cumplida. El Cuti es como el tipo ese de Steins;Gate que hace lo necesario para que sus amigos no estén tristes. Santiago se pregunta si tiene cara de triste. Puede ser. O a lo mejor, solamente es cara de sueño.

***

-Ya llegó Bettina.

-Qué malo que sos -dice Santiago sin poder aguantar la risa.

Bettina es la hija de la secretaria de la escuela. Eso es equivalente a la realeza. Así que Bettina es una princesa alta y de rulos, con la cara larga y la misma sonrisa deliciosa de la madre, pero la cara más joven, fresca.

Los mira al pasar. Los saluda con esa sonrisa. Es generosa con las sonrisas. Siempre hablan de ella al llegar. De cómo creen que tuvo un romance con Claudia, la otra muchacha alta, porque bailaban juntas en aquel primer baile, ya tema de leyenda. De lo que creen que es un romance entre dos chicas. Siempre nos divertimos igual, siempre con lo mismo, piensa Santiago. Es un pensamiento satisfactorio, completo.

Bettina era completa. Santiago sospecha que al Cuti le gusta. Le gusta aunque ella no escuche la misma música que él. O que se vista como princesa pop y él se vista con vaqueros y campera de cuero. Pero el Cuti insiste que no, que no. Y eso confirma la sospecha. Santiago se sonríe.

-Hoy soñé de nuevo. Ya lo escribí todo.

-Y? Qué pasó hoy?

-No se si puedo hacerlo cerrar con lo demás.

-Qué pasó hoy?

Santiago le pasa unas hojas de papel, las páginas que escribió en la mañana. El Cuti se las queda leyendo, Santiago en silencio, al lado. Mira como algunos pasan.

Al terminar de leer, el Cuti dice:

-Tendrías que pasárselo a Bettina. Para que lo lea.

-Y no es mejor que se lo leas vos?

El Cuti pone su cara de 'QUE IDEA GENIAL!!!'. Imagina un poco de ese escenario, pero suena el timbre.

Cuando uno escucha música todo el tiempo por mucho tiempo, a veces suena la música sola. Suena en el cerebro. Eso cree Santiago. Es mejor que pensar en un tumor cerebral. Los tumores son artefactos de historias, pero no quiere saber de tumores en la vida. Total, es mejor creer que el cerebro está entrenado a elegir y reproducir canciones. Solamente con un poco de concentración. Una canción conectada a las luces y las sombras del lugar, a los ruidos, los pasos, al ritmo de los latidos del corazón y de la circulación de la sangre.

Y entonces llega.

El escribe para ella. Escribir es pura magia, cuando escriba lo correcto, ella va a unirse a él en una unión mística. Por eso el Cuti le dice que le pase el cuento -que se va haciendo cada vez más largo con los días y los sueños. Pero el cuento no es para Bettina.

Silvana es una muchachita delgada y pálida, con el pelo negro y los buzos azul oscuros diferentes de todos los demás buzos del uniforme de todos los demás. En la cara blanca como mármol a veces se le notan pecas. A veces no. Los dedos de las manos son larguísimos y hermosos. Una vez la vio sola y se atrevió a saludarla con la mano a través de una ventana. Ella le devolvió el saludo, sin conocerlo. O capaz que lo conocía. Capaz que sabía quién era. Capaz que ella también lo miraba de lejos, intrigada por las cosas qué el 'gordito traga' podía escribir.

Al pasar levantó la vista. La mirada le llegó como un rayo. Un rayo que te pone tonto.

El Cuti dice, esta vez hablando la verdad del acero:

-Tendrías que hacerle llegar el cuento.

Esta vez se refiere a la muchacha correcta. Le pasa las páginas de vuelta a Santiago.

-Porque eso es lo que querés, no? Que ella conozca esa parte de vos.

Si. Porque esa es la parte de mi que se puede rescatar, piensa Santiago. El Cuti es un sacerdote de un culto antiguo, posiblemente hiperbóreo. El Cuti es su mejor amigo y puede leerle la mente. ¿Pero de veras le parece que un cuento así podría interesarle a Silvana?

Como si realmente le estuviera leyendo la mente, el Cuti responde:

-Los nombres dicen algo. Silvana es una pista de quién es ella.

Si pudiera soñar más, piensa Santiago, si pudiera soñar hasta el final, me atrevería a darle el cuento. O la nouvelle. O la novela serializada, lo que sea. No hay un nombre para ese género, el de los cuentos que crecen en los sueños.

Uno está solo, piensa Santiago, a medida que el bulto de cientos de chicos y chicas entran al liceo y van como ganado, entrenados para ir cada uno a su clase. Si, y todos estamos solos. Pero en esa soledad compartida hay algo bueno, algo cálido. Como el sol en el aire frío, que atraviesa el frío y llega al buzo suyo y al buzo raro es que usa Silvana, que no se parece al de nadie más en el liceo.

El buzo que no se parece a ningún otro. Santiago piensa eso y el pensamiento se repite, como si viniera de otro lugar, como si significara algo muy profundo. Algo que solamente el Cuti podría entender, pero algo que solamente él, Santiago, podría escuchar.

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